¿Qué Fuerzas Armadas tendremos en el futuro?

Enrique Prieto Silva

Domingo 5 de noviembre de 2017

     La prensa norteamericana refleja esta pregunta de boca del Fiscal General Militar poseedor del impulso procesal de la acción penal en materia de justicia militar, subordinado al Fiscal General de la República, en una función que no es militar sino pública, por cuanto el ámbito de su competencia jurídica está delimitado por los parámetros del artículo 261 de la Constitución, en un limbo que lo ubica más en la acción jurídica nacional, que en la jurisdicción penal militar.

    Pensamos, que tal vez sea una reflexión inocente dentro de su formación personal como militar, que cree, a tenor de sus palabras, conocer o haber aprendido el código de honor de las fuerzas armadas forjadas en los años de su perversión política sin remedo,  en las que apresurado funge de ductor de ética y moral, a pesar de haber cometido deslices o dislates jurídicos que lo ubican dentro de los promotores de la desidia. Admitir o aceptar órdenes del ministro de la defensa y del presidente de la República para abrir juicio militares sin dimensión de competencia, como el abrir juicio y ordenar detenciones a ciudadanos por la comisión de delitos que nos son de naturaleza militar, lo convierten en un fraudulento fiscal militar. Más grave aún, que impute a ciudadanos civiles y militares por delitos considerados flagrantes, sin analizar la naturaleza de estos y el forjamiento de situaciones como delitos, como la de detener a ciudadanos por ataque al centinela, considerando como tales a ejecutores del control de orden público, es una flagrante e ignorante estupidez que denota falta de probidad en el ejerció de tan alto cargo.

    Reseña la prensa, que el Fiscal General Militar pregunta a los generales y almirantes de la República: “¿Qué FANB [Fuerza Armada Nacional Bolivariana] vamos a dejarle al país, si seguimos siendo alcahuetes por los compromisos que tenemos con los subalternos?”, y en su motivación, deja ver al Ministro de la Defensa, que “…la anarquía y el alto índice de criminalidad que impera en Venezuela también parece haber contagiado los cuarteles, creando  gran preocupación por un desmedido incremento en los casos de robos, deserciones y abusos de autoridad...”.

     Sinceramente, consideramos que es una situación preocupante por su contenido, no delictivo sino disciplinario, que no es contagio alguno con la situación dramática que vive el país, sino que es la consecuencia del dejo institucional bajo la egida de sus mandos en todos los niveles, que abandonaron sus obligaciones y su orden disciplinario, para orientar a la Institución al perfil político partidista del “comandante en jefe”. Más grave aún, trasformaron a la FAN, como ariete pendular del vaivén político, en una odisea indisciplinaría y antimilitarista nunca vista en la historia patria.

   Hemos visto como con el devenir de un nuevo siglo, tuvimos que amoldarnos a una nueva vida republicana, con un nuevo sistema de gobierno autodenominado socialista, que evidentemente fracasó en todos los campos del poder; en el económico, que es el que rige los avatares de la vida social, que es la más resentida por lo imperfecto y destructivo del poder político, que desgraciadamente involucionó e implosionó con el poder militar que desviado de su quehacer constitucional, quiso transformar el mando militar en gobierno civil, militarizando la administración pública y todos los poderes, bajo la premisa de un nuevo Estado populista, que no popular, orientado por un militar con precaria formación, que fue y es asumido como líder o “comandante eterno”. Solo el tiempo se ha encargado de darnos la razón.

     Ya lo dijimos antes: “La institución militar vive un drama inverosímil e innecesario, donde su personal activo no encuentra qué hacer, en ese escenario de incertidumbre al que ha sido conducida la Institución, volcada en una dislocada lucha política en la que fue involucrada desde que se le politizó, dejándose de lado la ‘apoliticidad’ establecida en el artículo 328 de la  Constitución, y hoy se debate en el ¿qué hacer?, cuando a la deriva dentro de una tormenta contrapolítica sufre el reclamo turbulento del pueblo que le pide clemencia y piedad, creyendo que son ‘los militares’ los que apuntalan al régimen de capa caída; y que su intervención no ha sido solo para resguardar el proceso electoral y cuidar el voto y los votantes, sino que los mandos altos y medios se han involucrado en las perfidias del chantaje y del fraude.”

     El Fiscal General Militar concluye su apreciación, solicitándole al ministro, “…la posibilidad de implementar una mesa de trabajo con los Directores de Personal Militar con el objeto de fijar puntos de vista y buscar soluciones a esta problemática que está deteriorando nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana”. La idea no es mala; sin embargo, sugerimos al FGM que, más que una mesa de trabajo, pida al ministro que desmonte su aparataje político y devuelva a la FAN su verdadero sentir institucional, que vuelva al cumplimiento de la Constitución, que saque la política de los cuarteles, y luego de una previa advertencia, comience a utilizar las normas disciplinarias conforme a la Ley y deje de usar la justicia militar como “garrote político”, no por imputación de civiles, sino porque solo deben imputarse delitos de naturaleza militar.

     Sin dudas, la Institución Militar está dañada y viciada de gravedad, pero la solución no es corregir a la institución sino corregir o eliminar al personal dañado que no se adapte a la FAN constitucional, ya que no son necesarios ni imprescindibles.

Esto debe comenzar con un acto de fe y expiación  de los integrantes del alto mando militar incluyéndose el propio ministro.

¡Las instituciones no se pervierten, se pervierten los hombres que las integran!

@Enriqueprietos