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sábado, 28 de octubre de 2017        

4F: Un día de paradojas

Enrique Prieto Silva
Martes, 6 de febrero de 2001

Nadie puede dudar que el país es otro después del 4F, como lo fue después del 23Ene, del 18Oct y de muchas otras fechas propiciadoras de rupturas políticas post independencia. Gómez, los Castro, Zamora, Carujo, Pérez Jiménez y muchos otros sin sentido de importancia ni de liderazgo, en su momento fueron actores individuales o de grupos, que de una u otra manera asumieron el rol de elegidos, o al menos así lo pensaron, por lo que insurgieron militar o montoneramente, para conquistar el poder supuestamente usurpado y corrompido. Pero, ¿qué ha quedado de ellos? Solo el triste recuerdo de sus hechos y el devenir de una nueva historia patria. No debemos olvidar que somos actores en el presente, pero jamás podremos construir la historia. Ella surge espontáneamente de la cultura del pueblo, solo manipulada por quienes la escriben. Y cuando ésta deja de ser veraz, siempre se conocerá por la leyenda, el cuento o la novela. Ellos son el alimento de la prosa.

Nos han solicitado que expongamos en cortas líneas el sentir militar sobre la exaltación del 4F. Pero sobre todo, que seamos sinceros en la expresión. Misión difícil, pero no imposible, cuando estamos viviendo ese sentir cotidianamente. Sin embargo, nos obliga la misión a depurar nuestro pensamiento, para poder hilvanar las ideas, con pasión, pero sin la tentación motivadora que nos dé el reflujo hacia un profundo apasionamiento. Humanos somos, y como humanos vivimos con la tentación del calificar y descalificar por gusto, que generalmente no es el del lector. De esto se trata.

No tenemos dudas en calificar el 4F como un fallido intento de insurgencia, que más tarde, con el 27N, despertaron en la mayoría de los venezolanos un estremecimiento anti gubernamental (no político), de aversión a los partidos del llamado estatus, quienes se enceguecieron con la victoria contra los insurgentes, pero cometieron el grave pecado de creerse incólumes y amurallados. Mas grave aún, no entendieron el mensaje conclusivo de la unión de desavenencias incultas del populacho del 27 y 28F, con el pensamiento erróneo de los actores del 4F. No es cierto que hubiera continuidad, ni mucho menos semejanza de pensamiento. Los días del 89 fueron una simple demostración de la incultura popular y del aprovechamiento del liderazgo también inculto, que capitalizaron una manifestación de hambre con la arenga revoltosa por el aumento del transporte, aprovechando el error gubernamental en planificación, de liberar los precios el mismo día del incremento salarial, lo que produjo una escalada que la gente no podía pagar, ya que el cobro es semanal, quincenal o mensual. Este error estratégico fue la chispa en el fulminante. Olvidaron, que nuestra gente está acostumbrada a que le den a cambio de nada.

Sin apasionamiento, no podemos negar que en 1989 había comenzado la recuperación económica del país, sin la demagogia de la dádiva. Esta situación, no era buena para los insurgentes del 4F (incluyendo los actores de cara oculta ¿traidores?, ¿antipatriotas?), quienes han confesado que tenían 10 años preparando el golpe, lo que nos indica que, esta mejoría económica no era buena para la causa, si es que la conocían, porque a la luz de los hechos, su fuerte era la historia del árbol de tres raíces y la macro envolvente política social, lado aparte de la reguladora economía, fundamental sustento de todo proceso administrativo. Para ellos, la acción militar era un fin en sí misma. Pareciera, según las versiones de los actores, que la insurgencia perseguía un fin inconfesable, no conocido y supuestamente perjuro contra sus superiores, quienes, sin discriminación, entraron en un mismo saco de gatos (¿corruptos o leales al sistema político?). Esto, en la justicia militar y en la ordinaria, se tipifica como insubordinación, con calificativo de motín o sublevación de acuerdo a los Códigos. De haber triunfado, no sabemos que pudo haber ocurrido, porque de haber existido un plan orientador bien concebido, no estuviera ocurriendo lo que ocurre. Solo las palabras confusas de sus actores, luego de su inserción en la política democrática, es el aparente decir de la verdad, ya que pareciera que sus acólitos ¿civiles?, muchos llamados o calificados de intelectuales, no han sido contestes en sus historias. Pareciera, que ni ellos mismos creían en el movimiento de los insurrectos.

Los resultados están a la vista. Los ángeles revolucionarios han dejado el enjambre celestial, para diversificarse en la trova legendaria. Cada cual en su ronda aventurera y demagógica, por supuesto que sin discurso, ya que nunca lo han tenido. Al menos, es lo que deducimos de la falta de definición del proyecto, que sigue sin darse a luz, a no ser que su contenido sea premonitorio y peligre por su difusión. ¿Y donde están los serafines, los querubines y los arcángeles que se unieron al coro celestial para promover y ensalzar la refundación de la República?. ¿Cuántos son los desertores que no se atreven a dar la cara y mucho menos a disentir por su fracaso?.

Con sinceridad, debemos reconocer la ruptura del esquema revolucionario. En lo militar, es difícil entender la actitud que asumen los mandos, quienes parecieran no percatarse del pensar de sus subordinados. Basta conversar con cualquier subalterno, para oír expresiones de indignación y soberbia, por lo que nunca han querido como militares: ser actores practicantes en el mundo de la política partidista. Existe una casi general molestia, al sentirse presionados y obligados a pertenecer a una organización que, según su pensar, se ha desviado del objetivo que los motivó a incorporarse a ella. Está ocurriendo lo que más hay que temer: oscuridad adentro y claridad en la calle. ¿Y quien ha dicho que no puede repetirse el 4F? Es un error que, quienes a la sombra insurgieron en este movimiento que podemos calificar de paradoja, se crean tan seguros del apoyo colectivo.

Ellos nos demostraron, que los comandos de entonces fuimos unos ilusos al pensar que nunca más ocurriría un golpe de Estado. En verdad, no lo ha habido, pero si ha habido intentos que pueden repetirse. El militar aprecia su uniforme, pero se reciente con el mal empleo de la disciplina. Esa, que muchos la ven como la jerarquización solo para la subordinación, pero no para el cumplimiento de las tareas militares. No todos (la mayoría), visualiza la desviación funcional con el empleo en el desarrollo. Especialmente, los mas jóvenes sienten un toque de frustración, cuando se ven alejados de su ideal (ilusión de aspirante), involucrándolos en lo que no quieren: la política.

Fuimos de los precursores en solicitar el ejercicio de los derechos políticos en el militar, sin la participación partidista. Pero nunca nos imaginábamos que soterradamente habían subalternos que propugnaban, no solo el ejercicio de estos derechos, especialmente el voto, sino que acariciaban el ideal de una revolución comunista, que tanto dolor, muerte y frustración nos produjo, y que hoy, al desnudo quieren implantar, incomprensiblemente, cuando en el mundo, sus promotores después de 75 años de engaño, decidieron confesar y apartarse de la utopía.

¿Qué celebramos del 4F? Tal vez valga la pena una conmemoración reflexiva, que pudiera servir de ejemplo del no deber ser. Nosotros compartimos en su momento la angustia de los jóvenes oficiales por el estado crítico de la política del país (no debemos confundir con situación económica); por la terquedad del liderazgo, que nunca quiso entender la necesidad de reformar la constitución, de dar apertura a la democratización sindical, de sanear el poder judicial, eliminar la dictadura de los partidos y sincerar el discurso presidencial y de los ministros con los entes de su dominio, pero en ningún caso era esto motivación para la insurgencia militar. Lo que hizo falta fue la insurgencia de un líder político que nos aglutinara en torno al malestar, para promover los cambios. Solo Caldera e Isturiz, aprovecharon la tribuna del Congreso para lograr luego posiciones. Triunfaron en las elecciones, pero fracasaron en su gestión

Hay que entender, que la deficiencia era del liderazgo partidista y político, especialmente de AD y COPEI, quienes se creyeron los dueños del control gubernamental en la alternabilidad bipartidista. Pero, peor era la actitud de los líderes de los otros partidos, muchos de ellos, sumergidos inicialmente en el Chiripero y luego en el Polo Patriótico, cuya conducta sigue siendo la misma. Hoy tratan de engañar con un discurso incoherente e irreflexivo, queriendo demostrar que son diferentes y no tienen nada de culpa. Ellos, en verdad, no deben celebrar el 4F, sino que deben hacer jornadas de penitencia por sus errores y por el fracaso que aún experimentan. Un político no puede llamarse exitoso por estar en el gobierno, sino por aportar ideas, por ayudar a realizarlas o por corregirlas. Unas jornadas de reflexión no caerían mal. No basta con comparar el 23 de Enero con el 4F. Hay que recordar que el mando se los dio el pueblo con los votos. El 4F fue un día triste que no logramos descifrar, si por el fracaso de la asonada o por no haber triunfado. Otro puede venir. Ojalá y no volvamos a equivocarnos.

En nuestra época de actividad, nunca pudimos imaginarnos que pudiera existir algún subalterno, que insuflara y soliviantara la disciplina, organizando, como ocurrió, una rebelión contra los propios mandos. Esa incredulidad nos dio tanta confianza, que luego se transformó en tristeza. Hoy, el militar discierne políticamente, pero en forma negativa. Un subalterno nos dijo: no voté, ni votaré. Y, a la pregunta nos contestó: mas de un 70% piensa como yo. ¿Fue este el motivo de la abstención de los militares?

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